Los celos no nacen del amor, nacen del temor

LOS CELOS NO NACEN DEL AMOR,de hecho ya están en la persona celosa antes de enamorarse, ya están antes de conocer a quien va a enamorarle.

Cuando decimos que alguien es celoso es porque lo es así y de siempre, por mucho que después se convenza de que sus celos se los trae el otro, por mucho que se empeñe en culpar a otros de su sufrimiento.

 

LOS CELOS NACEN DEL TEMOR, la persona celosa teme tanto o más que ama. Teme perderle, a que se vaya con.., a que prefiera a…. Sin embargo siempre dice que se pone celoso porque le quiere, que se pone así porque le importa.
Le quiere sí pero ¿le quiere QUÉ?, le quiere poseer, le quiere para sí, reasegurada, incondicional, disponible siempre, aunque no siempre le quiera cerca. 

Le quiere, seguro, y mucho, sí, dice,… Entonces ¿a qué tanta desconfianza? ¿a qué tanto control? ¿a qué tanta propiedad? ¿a qué tanta bronca? Se diría que la persona celosa está segura de su amor pero critica el de la pareja, recela y acaba desconfíando de ella. Los celosos no dudan de su amor hacia…, pero no dejan de dudar del amor de…, dan por supuesto que aman mucho más y mejor que son amados, y eso parece que les da derecho a exigir, y a castigar. La persona celosa siempre se considera a sí misma fiel, leal, sin dudas ni tentaciones y, sin embargo para ella, la pareja ronda la traición, flirtea con la infidelidad, le hace daño. Por su propia inseguridad sufre, por su desamor pasado, o por los amores que defraudaron, acusa. En definitiva no puede disfrutar del amor que se le ofrece.
El amor perfecto y sin límites es un anhelo tan humano como utópico e irrealizable, es una creencia infantil a la que, como a la de los Reyes Magos, nos cuesta renunciar, y los desengaños, da igual la edad, duelen casi como el primer día. Así, nos aferramos al ideal, infantil y poco alcanzable AMOR ROMÁNTICO.
En cambio, el amor real hermoso y grande es limitado como no puede ser de otra forma. El amor real, se aprende, se mejora, se depura. A amar se aprende, a dejarse amar también, a confiar se aprende, y a fiarnos de... también.
Las relaciones afectivas son una potente mezcla de amor y desamor, de encuentro y desencuentro, de seguridad y desconfianza, que trae cada uno y se mezcla en el sudor del otro. Distinguirse, clarificar y asumir la aportación de cada amante es fundamental en la construcción de esa relación.
No vale, no ayuda y no conviene quedarse en el juego infantil e injusto de la persona celosa, lo que no me gusta de mí te lo pongo a ti, es culpa tuya, lo que desconozco de mí lo veo en ti. A veces un yo mal amado que no se reconoce tal, se convierte en un yo mal amante, en un yo víctima que se siente atacado y resulta atacante. Los celos son en nuestra sociedad machista la excusa consentida a los hombres que perpetúa el maltrato hacia las mujeres. Nos urge detectarlos y desactivarlos. 
El amor siempre rima con desamor, es historia de carne y hueso desde que somos concebidos hasta que nos vamos. Vamos a amar con el amor y la seguridad que nos han dado y con el que no nos pudieron dar, y a partir de ahí, podemos mejorar, aprendiendo a amar y a ser amados, aprendiendo a reconocer y a gestionar el temor y el amor propio y ajeno.
Si soy celoso es porque temo más que amo

 

 
Folleto distribuido con motivo de la Campaña 25N contra la violencia hacia las mujeres del Servicio de Mujer Módulo Psicosocial de Deusto – San Ignacio
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