Manual contra las agresiones sexuales: controlaos vosotros

Manual contra las agresiones sexuales: controlaos vosotros

A finales del mes de septiembre se difundía una convocatoria desde el Movimiento Feminista para la denuncia pública de varias agresiones sexuales a mujeres. Tres agresiones sexuales en un solo fin de semana, que venían seguidas del secuestro y agresión en Atxuri. Es de agradecer la labor de convocatoria rápida que hace el Movimiento Feminista ante estos hechos bajo el lema de Ninguna Agresión sin Respuesta y que visibiliza la alianza entre mujeres contra la violencia sexual que además de atacar los cuerpos de las mujeres, ataca concretamente nuestra libertad de movimiento.

Hay, sin embargo, algo muy preocupante asociado a estas agresiones, y que suele pasarse por alto en cuanto a su potencial dañino para la libertad de las mujeres porque se disfraza de supuesta ayuda a nuestra integridad. Me estoy refiriendo a difundir las noticias desde el prisma de la inseguridad ciudadana, tema de amplificación excesiva en los medios de comunicación tradicionales, y tema de amplia rentabilidad electoral inmediata y por eso jugoso para su utilización partidista.

Esta idea de la inseguridad añadida por el hecho de ser mujeres y nuestra responsabilización tomando medidas de autocontrol cala y mucho en nosotras. Es conocida la controversia sobre las recomendaciones de la Ertzaina y otros cuerpos policiales para prevenir agresiones sexuales y que van dirigidas al autocontrol de las mujeres. También, recientemente ha circulado por redes un vídeo de mujeres jóvenes que han creado una aplicación para estar controladas en todo momento y no olvidarte nunca de que la responsabilidad de que te violen o no sigue siendo nuestra y que el miedo es la emoción a la que debemos obedecer.

En el video nos cuentan de nuevo el cuento de Caperucita, que su mamá sabe que va a casa de su abuelita y que trae la desgracia a la familia por desviarse del camino, y sin avisar. Menos mal llega el fornido leñador a resolver. A esa aplicación tienes que decirle en todo momento dónde andas, recordándote una y otra vez que eres vulnerable y que por tanto debes tener miedo. Esto es perverso para las mujeres, es decir, pervierte el objetivo de liberar a las mujeres de la violencia, utilizando el mensaje de la obediencia y sumisión a las normas que es también un mensaje violento en la medida que inocula la sumisión a la renuncia de la libertad.

Este fenómeno del llamamiento al autocontrol pone los pelos de punta. Quienes nos dedicamos al trabajo terapéutico con mujeres con malestares psicológicos derivados de su condición y posición de género, sabemos que nuestro trabajo pasa fundamentalmente por acompañar a las mujeres a desvelar las distintas formas de sometimiento al sistema heteropatriarcal que las encierra en deseos e intereses ajenos a ellas mismas; salir del rebaño y dejar de obedecer a los ladridos de los perros, aunque a cambio nos ofrezcan protegernos de manadas de lobos, porque el precio es la libertad.

Como decía, la violencia sexual se ha puesto en primera plana de los medios de comunicación por los últimos casos de violaciones en el espacio público. Cabe también a este respecto poner la mirada sobre lo que el espacio público debería ser: el espacio de todas las personas, el que se supone se diseña para la movilidad, la reunión y la vida común libre y respetuosa. Este es el derecho que se tiene que garantizar también a las mujeres en estos espacios. Contraponer a la cultura de la violación la política del miedo nos aleja absolutamente del camino de construir vidas libres y nos mete al rebaño de la sumisión y del espacio doméstico como supuesto lugar seguro.

Y, sin embargo, que quedarse en casa sea seguro para las mujeres es tan mentira como que una violación en la calle es lo peor que te puede pasar en la vida si eres mujer. ¿Es peor que te violen en la calle a que te violen en casa? ¿Es peor que te violen una vez a que te maltraten durante años en tu propia casa? En realidad, lo único que previene una violación sea en la calle por nuestros vecinos, o en nuestras camas por nuestros maridos, o en cualquier otro lugar por nuestros clientes, es que todos ellos tengan claro que eso no se hace, que los cuerpos de mujeres no son cosas disponibles para sus incontinencias de fluidos corporales y sus deseos de dominar y dañar. Para que una violación en la calle o en casa o en cualquier otro lugar no suceda hace falta que la sexualidad sea entendida en el ámbito del encuentro íntimo, de compartir placeres corporales desde el encuentro, y que todo lo que se da al margen del encuentro de personas que desean compartir esos placeres, es dominación, y por tanto violencia.

Seguramente, estas mujeres del vídeo no pueden volar por encima de la obediencia y el control de sus cuerpos implícito en su propio discurso porque no han tenido contacto con la autodefensa feminista. Con lo que sí han tenido contacto es con el tumba y dale del “sed buenas”, como que eso nos fuera a librar de algo. Más mentiras, fuego a discreción. Entonces nuestra respuesta tiene que ser “a las barricadas”.

autodefensa

Estamos en la barricada, defendemos nuestra libertad con métodos de autodefensa, nos armamos de poder y fuerza ejercida por nosotras mismas y de manera colaborativa. No nos fiamos de los mensajes de control, no os creemos, nunca sirvió. Animamos a todas las mujeres a ocupar el espacio público, a ser rebeldes y contraatacar a los intentos de culpabilización que nos quieren meter en el redil. Apuntamos en la dirección del control social con todos sus instrumentos institucionales y publicitarios para entender que no es a nosotras a quienes nos tenéis que controlar, controlaos vosotros, hacéroslo mirar.

En este último sentido, cabe una apelación a los hombres como colectivo a mojarse en este asunto. No podéis permitir más tibieza con los comentarios que nos objetualizan, con vuestros iguales que nos menosprecian y maltratan, con quienes nos quieren esposas, o madres-vírgenes, o putas pero no nos quieren por quienes somos más allá de nuestra utilidad. Sed valientes vosotros en defender la libertad de vuestras iguales, aunque eso os lleve la pérdida del privilegio de sentiros los fuertes protegiéndonos. No va de eso, no queremos pater familis, no los necesitamos, queremos compañeros codo a codo, muchos.

Pero, desde este lugar de acompañamiento psicológico a la rebeldía, de acompañamiento a vidas cooperativas y libres de violencia, se debe enviar sobre todo un mensaje a todas las mujeres, especialmente las jóvenes, un mensaje de rebeldía contra el control social y la domesticación. La calle, la noche, también son nuestras.

Y nosotras, mientras tanto, a ganar espacios de libertad a través de la Autodefensa Feminista. Este mes de Noviembre desde el Servicio de Mujer del Módulo Psicosocial de Deusto San Inazio pondremos en marcha un nuevo taller de autodefensa para estar en guardia contra las agresiones, esta vez contra las más frecuentes, las que se dan en el ámbito de las relaciones sexo-afectivas, ya sea en el contexto del matrimonio o convivencia, ya sea en los noviazgos. Porque la casa, la cama, también son nuestras.

¡La noche, la calle, la IRA también son nuestras! Itziar Cantera

RENUNCIAR A NUESTRA IRA NOS CONVIERTE EN VÍCTIMAS

¡La noche, la calle, la Ira también son nuestras!

A las mujeres se nos ha enseñado a elegir, entre el tú y el yo, siempre el tú, entre tu bienestar y el mío, siempre el tuyo. El coste es la autoinmolación, la renuncia al desarrollo personal, el quedarnos pequeñas y viviendo en un mundo encogido, el renunciar a nuestra ira que nos aboca a sentirnos víctimas, injustamente tratadas, impotentes, y resentidas. Acarreando una gran cantidad de irritación, perdiendo la fuerza que nos da el enfado y viviendo bajo la alargada sombra de la culpa. PORQUE A PESAR DE NO DARNOS EL DERECHO DE ENFADARNOS CON ORGULLO Y CON PERMISO, NOS SENTIMOS CULPABLES SOLO POR SENTIRLO REMOTAMENTE O CLARAMENTE.  Por todo esto y para, además, poder seguir aguantando, gran cantidad de mujeres viven reguladas por la medicación, antidepresivos y ansiolíticos. Como decía un slogan del 8 de marzo “más feminismo, menos Prozac”

Renunciar a nuestra IRA nos convierte en víctimas sometidas

Si somos víctimas, no podemos decidir, ni cambiar, solo esperar a la buena fortuna, a que el otro/la otra se ponga en mi lugar y quiera mi bienestar, a que se dé cuenta de que tiene que cambiar etc.

Si somos víctimas no estamos en posición de decidir, vamos a dejar que nos decidan.

Si somos víctimas somos NO RESPONSABLES, nos ahorramos el trabajo de pensar, de decidir y de poner en práctica. Nos evitamos la interlocución activa, trasparente y responsable con la otra/el otro, nos ahorramos la negociación. La víctima acumula miles de razones que justifican su sentimiento de agravio, pero” no por mucho acumular razones avanzamos más temprano” si no nos acompaña el coraje de “el aguantar se va a acabar” acumular razones “nos tapará la salida de la cueva”.

 La posición de víctima es una trampa mortal, “nunca máis.

Queremos PODER DECIDIR Y SER RESPONSABLES DE NUESTRA VIDA, y para ello necesitamos poder contar también con la fuerza de nuestra Ira. Porque la Ira, bien gestionada es energía poderosa y autoafirmante, es dirección, es resistencia y es empuje. El enfado nos ayuda a distinguir, a elegir, a decidir, a dibujar el cambio y a realizarlo. Así que a las mujeres del siglo XXI nos toca reconciliarnos con ella, rescatarla, legitimarla y aprender a gestionarla bien.

TODAS Y TODOS TEMEMOS DEJAR DE SER AMADOS, pero por eso ellos mandan y nosotras obedecemos, por eso ellos se enfadan y nosotras, tragamos enfados prohibidos.

PERO……

 “…yo no quiero que me arrullen con cuentos, que no quiero que me sellen la boca con cuentos, que no quiero que me entierren con cuentos y que vengo de muy lejos y me sé todos los cuentos …” cantaba Soledad Bravo el poema de León Felipe, necesitamos con urgencia generar una nueva narrativa más justa y veraz con las mujeres y hasta con los hombres. Una narrativa en la que no desplacemos, no proyectemos sobre el otro género, en la que no haya elegidos por Dios ni siervas de este, sino que ellos y nosotras apechuguemos con nuestra fragilidad y nuestra ambición de ser más, lo más posible.

LA renuncia, la dimisión, no pueden ser el eje articulador de la vida de las mujeres. La resistencia, la consistencia, la presencia, SÍ. Conjugar la primera persona del singular Yo, aprendizaje necesario para sustituir el abuso del Nos. ¿Las primeras interesadas? nosotras claro. ¿Los mayores resistentes al cambio? ellos porque pierden mucha y gratuita cobertura, la tarifa plana que tenían con nosotras. Pero, con ganancia y todo, nosotras lo abordamos con miedo ¿y si, por ponerme tiesa, me quedo más sola que la una? Parece que nosotras también sentimos que nos quedamos sin cobertura, si ellos se enfadan y nos dejan. Cuánto nos han repetido que sin ellos no somos nada y cuán real ha sido además cuando no podíamos ni sacar dinero del banco sin su firma.

Pero ahora, desde hace poco, tenemos razones y horizontes para poder reafirmarnos sin temor a la bancarrota, al ostracismo, al fracaso, a la soledad. ¿Por qué? Porque nuestras narrativas están cambiando, ya no son cuentitos que nos arrullan, además no queremos seguir haciéndonos las durmientes dormidas.  Porque contamos con el amor a la vida de las otras que nos acompañan bien en danza hermosa, compartiendo la libre y maravillosa sensación de que este mundo es también nuestro y lo vamos a mejorar, ¡gustatzen ez zaiguna aldatzera goaz!

Emakume zuzenak, ………, konplize ditut eta maite ditut denak! Porque reconociendo nuestra potencia vital, dejándonosla sentir,ira included,  encontramos sentido, deseo y dirección. No sólo el amor es fuente de luz y de energía, también lo es el disentir y el desacuerdo, somos cada cual un ser de luz que tiende al infinito, y ni puede ni debe dejar de tender a lo más allá que sea posible, porque ese es nuestro destino humano; desarrollar, desenredar, propulsar la vida dejando atrás lo que nos recorta y minimiza.

Las mujeres somos seres individuales, no seres nacidos para diluirse en un nosotros, ni para pertenecer a un tú, hombre.

Las mujeres buscamos a las otras y a los otros para ser más, no menos.

Si nos emparejamos lo hacemos también para ser más, para que la pareja sea más y para sentir, a ratos, que somos mucho más que 2, que también es muy grato.

Por todo ello, la empatía, la sensibilidad, la generosidad, el amor a la vida, virtudes que acompañan a nuestro “ser buena mujer”, son desarrollos a celebrar, a aplaudir, a valorar y a utilizar mejor, poniéndolas al servicio de nosotras mismas, de nuestro cuidado, de nuestro desarrollo personal. Pero ese modelo de buena mujer nos victimiza, hay que completarlo, integrando también la rabia y el enfado como inexcusables de estar viva, gestionándolos con inteligencia para ganar autoridad y fuerza. Entonces sí, es perfecto.

Aquí las mujeres del siglo XXI seguimos con el trabajo de construir y vivir dentro de un ideal de ser mujer que nos haga justicia y nos potencie hasta el infinito y más allá, NO MÁS RECORTES.

Es tarea, es trabajo, pero interesado y todo a mayor gozo de Ser Mujer Libre. Además, trabajo siempre nos ha sobrado, pero a trabajar para sí vamos a aprender, con el inestimable apoyo y ayuda de las otras como yo, que me van a jalear cuando necesite, reconocer cuando me haga falta, esperar a que llegue, para celebrar juntas la alegría de la meta alcanzada, ser reales, consistentes, presentes, potentes y verdaderas.

 ¡Somos mucho más que cuando empezamos!

 Yo no soy esa…

A quien le importa

A mi manera

Ya no soy una muñeca vestida de azul, ni me oprime la talla 36, etc.….

Y lo que nos queda por cantar, ¡Qué alegría que alboroto!!!

 

Itziar Cantera Sojo, 26 de julio de 2019

Si los hombres se paran el machismo se para…

Si los hombres se paran el machismo se para…

Artículo original (Miguel Lorente): https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/03/11/si-los-hombres-se-paran-el-machismo-se-para/hombres-se-paran

Si los hombres se paran el machismo se para, de eso no hay duda… pero los hombres no se van a parar.

La huelga feminista del 8M/18 no sólo ha parado al mundo, sino que además ha detenido la historia. Una historia donde los hombres han empujado al tiempo para que siga adelante bajo sus dictados y zarandeos, daban igual las consecuencias que producía su injusticia social y el daño que padecían las mujeres, lo importante era mañana, porque ese mañana ha sido exactamente igual a cada hoy desde el principio de la historia.

El futuro siempre ha actuado como una de las principales trampas del machismo,“dejar que el tiempo pase sin que nada más pase”. Dejar los días vacíos de acciones para que sólo contaran sus horas y sus minutos, y que el porvenir sólo fuera un momento posterior del mismo escenario y bajo los mismos argumentos. Un “futuro de cumpleaños” que no ha cumplido con el compromiso social de la Igualdad.

El futuro no es ese paso vacío del tiempo, sino una nueva realidad surgida de la transformación del presente, y cuando la historia es machismo y desigualdad, el futuro sólo puede ser la Igualdad. Por eso las posiciones conservadoras temen tanto a la Igualdad, no lo han hecho a la Libertad, ni a la Justicia, ni a la Dignidad, aunque siempre intentan controlarlas y limitarlas, pero la Igualdad supone una desestructuración de su modelo jerárquico de poder y privilegios. Por eso los hombres no se paran.

Y por esa misma razón la Huelga Feminista del 8M/18, además de mostrar las múltiples consecuencias de la desigualdad en cualquiera de los ámbitos de la sociedad, lo que ha puesto de manifiesto es que nada de eso es casualidad ni un error, tampoco una deriva del tiempo, sino una construcción de los hombres para obtener beneficios a través de la imposición de lo que ellos han considerado adecuado para organizar la convivencia y  las relaciones en los distintos contextos de la sociedad. De ese modo, las referencias masculinas son tomadas como universales, es decir, válidas para toda la sociedad, sin contar con lo que las mujeres han considerado importante y necesario para la convivir en ese espacio común de la sociedad.

La situación tiene un doble significado. Lo primero, que se trata de una construcción interesada, no un accidente ni un producto del azar, aquí nadie echó una moneda al aire y salió desigualdad, como podría haber salido igualdad. Y lo segundo, que hablamos de una construcción de poder, es decir, que la adopción de las referencias masculinas como universales no fue para darle a la realidad un decorado más viril, sino para otorgar a los hombres una serie de privilegios sobre la ausencia o limitación de derechos en las mujeres.

El machismo es perfectamente consciente de su injusticia y de las consecuencias dramáticas que ocasiona, por ello dispone de toda una serie de estrategias para justificarlas de manera que puedan ser integradas como parte de determinados contextos o circunstancias, y evitar que sean identificadas como un problema estructural. Por ello juega con los mitos, los estereotipos, los prejuicios, la costumbre… para que todo sea compatible dentro de “su normalidad”. Y así lo ha hecho a lo largo de la historia, ha cedido espacio y cambiado en las formas para no renunciar nunca al poder de su construcción cultural, y ahora no va a ser diferente.

El 8M/18 ha permitido que una gran parte de la sociedad tome conciencia de lo que hay detrás de las múltiples manifestaciones de la desigualdad, de eso no hay duda, pero también ha posibilitado que el machismo tome conciencia a su vez de toda esa movilización crítica y de lo que significa. Y este “darse cuenta” de la realidad implica que van a pasar a la acción para tratar de mantener su espacio de poder en las nuevas circunstancias. Una vez más, como han hecho siempre, cederán en algo con tal de conservar la estructura de poder que les genera los privilegios y beneficios.

El machismo no es un problema de falta de conciencia, sino de falta de voluntad para erradicarlo. Ya hemos dicho que desde su posición son plenamente conscientes del daño que ocasiona su injusticia social. La desigualdad no se debe a que se desconozcan sus causas y muchos de sus resultados, sino a todo lo contrario, a la falta de voluntad para adoptar medidas que corrijan la injusticia social que supone el machismo a pesar de todo el daño y dolor que ocasiona. ¿Es que no se sabe que en España asesinan de media a 60 mujeres por violencia de género cada año?, ¿es que no se conoce que las mujeres tienen mayor dificultad de conseguir un trabajo, que cuando lo logran es más precario, y cuando no es tan precario cobran menos que los hombres?…

Y esta situación no va a cambiar de repente porque la crítica se haya organizado para adquirir una dimensión global, y haya ocupado el espacio público por medio de las manifestaciones del 8M/18.

Si los hombres se paran el machismo se para… pero los hombres no se van a parar; al menos de manera voluntaria e inmediata.

El machismo ya está organizando su reacción, como lo ha hecho en otros momentos. De momento, además de un silencio sospechoso, ya surgen las primeras voces dentro de una estrategia montada sobre tres grandes líneas:

  • La primera es unirse al éxito de las manifestaciones y apuntarse el tanto con argumentos que afirman que quieres de verdad han hecho cosas por las mujeres han sido las políticas conservadoras.
  • La segunda busca la típica confusión que utiliza el posmachismo a través de la desnaturalización del significado de lo ocurrido, idea que necesita quitarle sentido a la palabra “feminismo” para apartarla de toda la reacción social. Y para ello siguen dos tácticas, una apropiarse del nombre para decir que son feministas y que feminismo es lo que ellos hacen, reforzando de ese modo la primera línea argumental; y la otra, proponer nuevas medidas para demostrar su compromiso con la Igualdad, que es justo lo que ha hecho el PP al anunciar el día 10M un “plan en favor de la mujer”.
  • La tercera se dirige a destacar la “manipulación” de lo ocurrido y la falsedad de los hechos. Es el argumento clásico basado en la idea de la maldad de las mujeres y en el mito de la “Eva perversa”, que lleva, por ejemplo, a hablar de “denuncias falsas” cuando nos referimos a la violencia de género o la inexistencia de la brecha salarial. Para ello argumentan que se trataba de una manifestación “transversal” donde no había ideología ni críticas a nada ni a nadie, sólo demanda de acciones para abordar “temas que afectan a las mujeres”. Bajo esta línea “el feminismo y las feministas” son presentadas como las manipuladoras por excelencia,capaces de instrumentalizar una respuesta como la vivida desde su “elitismo y su ataque a las propias mujeres”. El argumento se cierra con referencias al “ataque del feminismo” contra los hombres, la familia, la Iglesia, las economía, el orden de Occidente… o cualquier cosa que se les ocurra.

Es la reacción del machismo para defender su poder. De momento estamos en sus fase inicial, pero continuará y debemos prestar toda la atención que requiere la situación para que la conciencia surgida del 8M/18 no se hunda frente a las costas de la Igualdad con los torpedos que ya lanza el machismo.

Nada nuevo, como sabemos, pero otra vez diferente sobre las circunstancias para adaptarse al nuevo tiempo de siempre, sin transformar la desigualdad en Igualdad.

Miguel Lorente. Blog autopsia 

¿Estamos locas, o qué?

Pues digo locas,

 

porque sabemos mucho sobre nosotras mismas, y lo ignoramos

porque sabemos de nuestras capacidades y nuestros límites, y lo ignoramos

porque sabemos que el amor es gratuito, que no se compra ni se gana, y lo ignoramos

porque nos reconocemos exhaustas por la inmensa tarea, y lo ignoramos

porque sabemos que ser realistas nos protege, y lo ignoramos

porque nos sabemos fatalmente atraídas por ideales gigantes, inalcanzables, y lo ignoramos

porque sabemos que con nuestro amor no podemos proteger de todo a nuestros seres queridos, y lo ignoramos.

 

Lo ignoramos, NOS ignoramos. El saber es pilar, nos da lugar poderoso y centrado, debería ser central y sin embargo la culpa infinita lo pisotea, y nuestro corazón loco lo deja fuera, lo ningunea.

 

Vivir de espaldas a nuestro saber, nos lleva a una vida loca, de baja calidad, errática y acelerada; atropellada y sin tiempo para recoger y saborear los frutos que con tanto empeño hemos sembrado y cuidado. Y lo sabemos.

Vivir de espaldas a nuestro saber, nos acerca al agotamiento, a la pérdida de inmunidad, a la mala vida.

Vivir de espaldas a nuestro saber, nos trae irritación, crispación, stress, desequilibrio, infelicidad. Y lo sabemos

Vivir de espaldas a nuestro saber, nos acerca al descontrol, y nos volvemos locas, nos sentimos locas, nos llaman locas cuando saltan los mecanismos de regulación, cuando nuestro sistema sobresaturado de exigencias y tareas y falto de apoyos, recompensas y homenajes propios, se sale de quicio. Y esta sensación acaba de rendirnos, de derrotarnos. Y lo sabemos pero nos hacemos la locas.

 

El saber sobre nosotras, si lo ignoramos, nos deja a oscuras, no instruye nuestras decisiones, no guía nuestro camino, no nos protege, no nos empodera, no alimenta nuestra inteligencia. Ignorarlo e ignorarnos, nos aleja del buen hacer y del buen gestionar nuestra realidad, nos acerca a la impotencia, a los bajos resultados, con sus sensaciones inevitables de autoflagelo, de cansancio sin ganancia, de esfuerzos sin recompensa. Nos aleja de la alegría, del bienestar, de la satisfacción.

 

Aún nos falta saber más sobre nuestra culpa,

para dejarla fuera, para desmontarla pieza a pieza. Para no confundirla con generosidad ni con amor infinito. Es culpa y nos impide elegir y saber.

Será mejor dejar de hacerse la loca, de actuar desde la culpa, y tomarse en cuenta, tomarse en serio, redimirse de una vez y tenerse presente y contar con todo lo que hemos podido aprender del buen vivir libre de culpas.

Mujer sabia, vuélvete loca de alegría, rebózate en sabiduría, y denuncia lo que te enajena, pero prométete que distinguirás culpas propias y ajenas, que ejercitarás la reivindicación necesaria y que nunca, nunca más te ignorarás ni vivirás de espalda a tu saber.

 

8 de febrero 2018-02-08 Itziar Cantera

 

Custodia compartida

La Custodia compartida ha estado en el Congreso.

Los motivos para pedir la custodia compartida sí importan, ya que dependiendo de qué te haga pedirla, eso hablará de tu implicación en la crianza.

Un segundo problema es que vivimos en un país machista y el cuidado de las y los menores sigue recayendo en las mujeres.

art.diario.es.cust.comp

 

Recomendamos la lectura de este artículo para profundizar en esto. Leer artículo: http://www.eldiario.es/zonacritica/custodia_compartida-barbijaputa_6_657294296.html

 

Zubirik zubi, espacio femenino plural

Zubirik zubi, espacio femenino plural

El siguiente reportaje, publicado en El Correo el domingo 1 de mayo, recoge la iniciativa Zubirik Zubi. Puedes leer el artículo completo y ver el vídeo haciendo click.

  zubirikzubireportaje

¿Cuidan los hombres de sus mayores? Un escrito de José Ángel Lozoya Gómez

¿Cuidan los hombres de sus mayores? Un escrito de José Ángel Lozoya Gómez

Todas las personas queremos llegar a viejas sin envejecer, aunque con los años suelen llegar los primeros achaques, y antes o después la necesidad de ayuda para un número creciente de actividades. Todas podemos acabar necesitando ayuda hasta para lavarnos, controlar las necesidades o utilizar el servicio. En estos casos suele ser la familia la que se encarga del cuidado y casi siempre lo asume una mujer sin que medie ningún acuerdo explícito previo, por lo que los cuidados siguen estando en manos de la comunidad y no del sistema formal de salud.

El impacto sobre la salud de las personas cuidadoras es muy grande. Su vida puede llegar a girar en torno a un ser querido cada vez más dependiente, se sienten atrapadas y con sentimiento de culpa, van perdiendo las amistades, apenas salen con sus parejas y necesitan descansar. Los recursos económicos son clave para satisfacer muchas de las necesidades de las personas dependientes y de sus cuidadoras; permiten contratar ayuda, conciliar los cuidados con la vida laboral y social, reducir la conflictividad familiar y atenuar la desigualdad entre hombres y mujeres. Pero la mayoría de las personas que precisan cuidados no aportan ayuda económica, y si la prestan no suele cubrir lo que se gasta en sus cuidados. Para colmo, los recortes de ayuda a la dependencia de los últimos años han sobrecargado a las familias en general y a las mujeres en particular. Dada la influencia del género en la distribución de las actividades públicas y privadas, productivas y reproductivas, el hombre sigue muy vinculado al ámbito productivo y sigue muy extendida la idea de que las mujeres son las proveedoras naturales del cuidado. La idea misma de la discapacidad está condicionada por el género.

Vemos a muchos hombres mayores que enviudan y son incapaces de hacer las tareas domésticas que hacían sus esposas; aunque no tienen ninguna discapacidad física es evidente que tienen una discapacidad de origen social que se puede atender con cursos de formación para que aprendan a cuidar o cuidarse. La mayoría de los varones están acostumbrados a que primero los cuidara su madre y más tarde su pareja, dedicándoles tiempo, cariño, respeto y apoyo. No necesitaron aprender a cuidarse ni a cuidar de otras personas, lo que ayuda a explicar que solo un 15% de quienes consideramos responsables del cuidado de una persona mayor dependiente sean hombres.

Los hombres se ven menos presionados que las mujeres para asumir esta responsabilidad, sobre todo menos que las hijas solteras y las viudas, que son las quienes más sufren el mandato del “deber de…”. De hecho, aunque la mayoría de las y los cuidadores de mayores creen que hombres y mujeres pueden cuidar por igual, si les preguntamos quién prefieren que les cuide en su vejez son cinco veces más quienes prefieren que lo haga una hija a que sea un hijo. La evolución que hemos vivido en los modelos de familia y en el rol social de las mujeres no se ha visto correspondida con un incremento equivalente de la implicación de los hombres en lo doméstico, agudizando la crisis del sistema informal de cuidados y las desigualdades entre los sexos. Aun así el número de cuidadores aumenta lentamente, sobre todo entre quienes tienen una red familiar reducida, los casados, los parados, los pensionistas y los jubilados. Aunque sigue habiendo diferencias, hay cosas que ellos no saben hacer y acostumbran a recibir más apoyo de otras mujeres de la familia; también suelen delegar, más que ellas, algunos cuidados personales como el lavado o el cambiado de pañal.

Lo principal es la experiencia personal de cuidar y ser cuidado, pero esta actividad humana, tan importante, puede ser tan satisfactoria como dura. El cuidado de los mayores puede ocupar muchos años, las grandes dependencias suponen una dedicación de unas once horas diarias, y es preciso corregir los desequilibrios entre hombres y mujeres. La experiencia del cuidado tiene un gran potencial transformador que posibilita una redefinición de roles de género. Quienes se implican en la crianza y en lo doméstico aprenden a cuidar, a cuidarse y a ponerse en el lugar del otro para satisfacer sus necesidades, lo que propicia que tengan mejor disposición a cuidar de sus mayores.

El cuidado a los mayores es un reflejo de las prioridades de una sociedad y de sus desigualdades y necesitamos revalorizar el derecho a cuidar a los seres queridos anteponiendo las necesidades humanas a las del mercado, un cambio con profundas implicaciones éticas que requiere igualar las oportunidades en el mercado de trabajo que penalizan a las mujeres, políticas públicas adecuadas y medidas educativas y de sensibilización social. Aunque la cobertura pública del cuidado fuera universal, la familia seguiría siendo la principal cuidadora, pero hemos de lograr que cuidar y dejarse cuidar sea una decisión libre en un reparto equitativo. Hacen falta políticas públicas a medio y largo plazo; también más recursos y mejor coordinados, que promuevan la independencia de las personas dependientes y alivien la carga de quienes las cuidan. No obstante, la participación creciente de los varones en el cuidado cuestiona las atribuciones de género; invierten en él cantidades similares de tiempo y muestran que las diferencias en cuanto al tipo de tareas de cuidado o de responsabilidad sobre la persona atendida son menores de las que cabría suponer. Es decir, que cuidan o pueden cuidar cuando han de hacerlo. La población va a seguir envejeciendo, y para incrementar la implicación de los varones hemos de combatir las expectativas no escritas sobre quién debe cuidar, admitiendo que los hombres aprendemos a hacer todo lo que nos interesa.

Sevilla, marzo 2016 

José Ángel Lozoya Gómez

Miembro del Foro y de la Red de hombres por la igualdad

Relatos de nuevos hombres, las palabras de los nuevos hombres contra el machismo

Desde el Servicio de Mujer del Módulo Psicosocial de Deusto-San Ignacio se ha organizado la realización de dos vídeos en los que diversos hombres, de procedencias, oficios y personalidades diferentes, alzan sus voces contra la desigualdad y el machismo. Es un trabajo audiovisual compuesto por cortometrajes de 7 minutos. En ellos se reúnen 70 hombres de distinta edad, etnia, cultura, origen, oficio, lengua… Todos residentes en el País Vasco, y una buena parte de ellos conocidos por destacar en el ámbito de la cultura, la música, el cine o el deporte. Este proyecto financiado por Emakunde y Diputación de Bizkaia, y promovido por el Módulo Psicosocial de Deusto-San Ignacio, ha contado con un equipo técnico bajo la dirección de Iratxe Mediavilla

 

 


Toda relación conlleva trabajo y no admite el 2×1

En cualquier relación, la búsqueda de un equilibrio deseable para las dos partes, supone un ajuste continuo, a través de un diálogo abierto y frecuente, tan sincero como libre, en la medida que podamos.

Un equilibrio que busca satisfacer a dos, compensar a dos, ilusionar a dos, y que implica alcanzar acuerdos, negociar, ceder en ese vaivén de hoy tú, mañana yo.

Que todas las relaciones conllevan trabajo, que no se hacen solas, es una máxima universal aplicable a todos los ámbitos,  familiar, laboral, social y afectivo. Pero hay otra máxima aceptada socialmente que dice que las relaciones afectivas en el ámbito familiar y de pareja es cosa  de mujeres y en ésta quiero centrarme. Si nos fijamos bien, enseguida vemos que la relación entre las mujeres y los hombres  conlleva un trabajo desigual  para ellos y para ellas. Y esto porque, según el género, diferente nos han criado, educado y preparado para afrontarlas.

A ellos les dijeron, y así lo creyeron, que, estas relaciones y su cuidado, eran cosa de ellas. Y a nosotras nos enseñaron que las relaciones y la responsabilidad de su marcha, así como el nivel de contento del otro es campo exclusivamente nuestro. Conforme a este plan, a las mujeres nos toca trabajarlas, vigilarlas y hacerles el mantenimiento mientras que ellos se dedican a otras cosas y se benefician todas las ganancias de la relación.

Por ello, porque resulta injusto y desproporcionado ese “tu te encargas que yo me beneficio” “tú cultivas que yo recojo”, porque se echa a faltar la reciprocidad y con ella la mesura y el equilibrio es que creo conveniente, al menos y de manera más urgente, para las mujeres, revisar el trabajo de más y la recolección de menos con la que trajinamos en el mundo de la relación.

¿Trato o truco?

La desigualdad, desequilibra, una parte se hace rica mientras la otra se empobrece  

El que una de las partes no ponga y si se lleve,

es apropiación indebida, y

desabastece, poco a poco, la relación,

la erosiona y empobrece su suelo y, con ello, su crecimiento y su futuro.

Podemos decir, que una de las cosas que más nos cuesta ver a las mujeres es que la relación no sólo es trabajo por cuenta ajena, es algo también por cuenta propia. Que la relación es una inversión que debe hacer crecer mi particular saldo no sólo el saco de los gananciales. Dicho de otra manera, en la relación además de  poner, a las mujeres nos interesa aprender a recibir, además de  cansarnos nos conviene aprender que la relación puede ser un lugar donde descansar,  recibir apoyo, hidratarse y nutrirse.

Definitivamente, a las mujeres nos conviene empezar a dejar de “pasar el botijo al todo el mundo” para poder concentrarnos en nuestras cosas. Mientras voy de uno a otro calmando su sed, desatiendo mis tareas y devociones y al hacerlo impido mi desarrollo, no pego el estirón y me quedo acortada y con sensación de pequeña, a la vez que  mi autoestima también queda encogida. Si al menos pudiera decidirlo Yo, lo de pasar el botijo, digo, y si además de elegirlo, le diera, al menos, la importancia que tiene, no me iría tan de vacío, y me sentiría mejor, primero  por valorarla yo misma, y seguido porque para el prójimo también sería una aportación reconocible y digna de agradecimiento.

Así mismo es justo reconocer que además de pasar el botijo, mis capacidades dan para más, y desarrollarlas, es cosa mía, es cuestión de que de importancia a mi desarrollo personal, que le eche ganas, y después sólo nos faltará aplicarles la vieja fórmula de espacio + tiempo, sin dividirlo, ni por dos ni por tres.  Y..¡ voilá!  mi saldo crecerá justamente

La no reciprocidad acaba cabreando.

El que una de las partes no ponga y si se lleve,

deja a la otra cabreada,

aunque no lo sepa, o lo niegue,

se queda con resquemor, triste y mal dispuesta.

Pero a las mujeres enfadarnos con  nuestros seres queridos, se nos pone en un pico y solemos evitarlo a toda costa.

Aunque el evitarlo nos empadrona en el malestar, en la mirada triste y un tanto derrotada.

Por no discutir estamos dispuestas a mucho tragar pero esto trae un mal digerir, y acabamos con gases reprimidos y dolores por ahí, por la entraña. Es más fácil que busquemos la comprensión y el tienes razón en otra mujeres o en profesionales de la psicología, que autorizarnos para quedarnos a solas y preguntarnos con ganas ¿qué te pasa? ¿qué te está sobrando o faltando en esta relación con él? ¿Por qué no te das permiso para decírselo, para plantearle que no te salen las cuentas y que sabes algunas de las cosas que haría falta cambiar?

  • A las mujeres este ejercicio nos resulta dificilísimo precisamente por lo que nos enseñaron sobre cómo relacionarnos. Como nos dijeron que éramos las responsables de las relaciones y de su buena marcha, si reconozco que no van tan bien lo primero que recojo es mi propio fracaso. Y eso no gusta. Y no sólo no gusta sino que nos hace sentir culpables no es que la relación va mal es que algo estamos haciendo nosotras mal.
  • Como nos dijeron que el combustible de la satisfacción ilusionante,  era un suministro solo nuestro del que contamos con reservas inagotables, cómo atreverte a pensar que las reservas se van acabando, cómo decirle al otro que aporte básicos como presencia, interés, ganas y tarea. ¿Cómo aceptar que solas no podemos todo, en una relación, que tan sólo somos el 50% de ésta?
  • Nos  creímos que nosotras podíamos poner lo que no pone el otro, y así creímos y creemos también que hemos elegido libremente dedicarnos full time a la relación, y nos convencidas de que trabajamos por cuenta propia, porque cuidar las relaciones es lo nuestro, pero en realidad lo hacemos para otra cuenta ajena. Y lo del otro, si no lo pone éste, queda sin poner, y si eso pasa, aunque nosotras no queramos tenemos un conflicto servido
  • Las mujeres, cuando la pareja nos tiene descontentas, cuando no disgustadas y cargadas de desamor, antes que entrar en el conflicto y en su abordaje directo, nos resulta más fácil hacer cualquier otra cosa y  dar amplios y variados rodeos. Por ejemplo y, en primer lugar, solemos cuestionar nuestra percepción ¿estaré equivocada? ¿me estaré pasando? Seguro que exagero. El segundo movimiento, si el malestar persiste y las dudas también, es la de  pedir consejo, opinión y parecer al prójimo, si con ello no obtenemos respuestas adecuadas o respuestas que podamos asumir, si no vemos nuestras quejas legitimadas, acudimos al o a la profesional de la psicología. De la consulta a profesionales se espera sentirse comprendidas y respaldadas, es decir de alguna manera, legitimadas en las quejas y disconformidades, con la pareja en el caso que nos ocupa,  que  están en la base de nuestro malestar y/o resentimiento con ella. Incluso estaríamos bien dispuestas a tomar una medicación que aplaque y aquiete estos sentimientos y que de manera rápida nos quitara el malestar. Este es un circuito bastante habitual en el afrontamiento de nuestro malestar en las relaciones.
  • Pero hay otro más recomendable que arranca con la autoescucha, el hacernos caso, y dar importancia a lo que sentimos y a lo que el análisis de situación nos está diciendo. Es más recomendable darse permiso y juntar el valor suficiente para gestionarlo. Frente al malestar silencioso, ignorante y hasta rencoroso, nos conviene plantear unas cuantas conversaciones tensas y discutidoras con nuestra pareja.  Discusiones a partir de las cuales, poder diseñar y cocinar juntos,  un menú rico y variado, una relación de nutrientes para ambos.
  • Otro punto que conviene clarificar, porque su confusión nos deja mal posicionadas, es que también participamos de la falsa creencia  de que  los hombres no necesitan las relaciones tanto como nosotras, que no necesitan tanta compañía, afecto, apoyo, interés, erotismo, complicidad, ternura y que por ello las mujeres tenemos que currárnoslas más. Lo cual es falso, o tan sólo una creencia, la realidad nos muestra  que hay muchas más mujeres viviendo sin pareja que hombres. Simplemente a  ellos les han dicho que lo nieguen, que lo disimulen, incluso que se mientan, que ellos no lloran, que ellos no añoran, que ellos con trabajar tienen bastante; mentiras compartidas que nos colocan en escenarios falsos y desequilibrantes a ellos y a nosotras. Si bien, es de Dios reconocer que ellos se llevan la mejor parte y de momento van ganando el partido. Por ello el cambio, como siempre se va a iniciar y va devenir de quienes pierden de quienes pasan necesidad, las sujeto mujer.

 

Es bueno recordar que:

–            Las relaciones están vivas,  tienen vida propia, y como todo ser vivo tienen sus ciclos y requiere actualizaciones

–            Las relaciones son creación, y recreación a la vez que repetición y reproducción, desencuentros y reconciliación, daños y reparación

–            Las relaciones son, además,  espejos en los que mirarnos; los hay que nos devuelven imágenes verdaderas y nos ayudan a reconocernos, pero ¡ojo! que también los hay trucados porque el otro me confunde consigo y no me diferencia, y entonces nos devuelven confusión y falsedad, lo cual no contribuye precisamente a nuestro mejor reconocimiento.

–            La pareja como su nombre indica es par, es cosa de dos. Es cosa de que dos se sientan importantes, compensados, acompañados, queridos y apoyados

–            La relación es tarea, lleva tiempo, interés, dedicación y energía. Y es trabajo de dos para dos

–            Y   la relación es sobre todo una inversión,  lleva su contabilidad consciente o inconsciente, que es la que nos dice si nos salen o no las cuentas, si ganamos o perdemos.

–            Las mujeres, cuando empiezan a no salirle s las cuentas, se preguntan, ¿Qué más puedo poner? O ¿por qué no te conformas? ¿no estarás pidiendo demasiado? Los hombres conjugan más fácil otras preguntas el qué me falta  o el qué mas quiero de esta relación

–            Hay para cambiar y mejorar para ambas partes pero dicen que sólo se está dispuesto a cambiar cuando vemos lo que nos cuesta el no hacerlo, tal vez sea por eso que  a las mujeres se nos vea más motivadas para arrancar con los cambios. A los hombres tal vez tomar conciencia de la falta de equidad y del abuso sea revulsivo suficiente para poneros en marcha en dirección a la relación justa.

      Ojalá!

Itziar Cantera