Si los hombres se paran el machismo se para…

Si los hombres se paran el machismo se para…

Artículo original (Miguel Lorente): https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/03/11/si-los-hombres-se-paran-el-machismo-se-para/hombres-se-paran

Si los hombres se paran el machismo se para, de eso no hay duda… pero los hombres no se van a parar.

La huelga feminista del 8M/18 no sólo ha parado al mundo, sino que además ha detenido la historia. Una historia donde los hombres han empujado al tiempo para que siga adelante bajo sus dictados y zarandeos, daban igual las consecuencias que producía su injusticia social y el daño que padecían las mujeres, lo importante era mañana, porque ese mañana ha sido exactamente igual a cada hoy desde el principio de la historia.

El futuro siempre ha actuado como una de las principales trampas del machismo,“dejar que el tiempo pase sin que nada más pase”. Dejar los días vacíos de acciones para que sólo contaran sus horas y sus minutos, y que el porvenir sólo fuera un momento posterior del mismo escenario y bajo los mismos argumentos. Un “futuro de cumpleaños” que no ha cumplido con el compromiso social de la Igualdad.

El futuro no es ese paso vacío del tiempo, sino una nueva realidad surgida de la transformación del presente, y cuando la historia es machismo y desigualdad, el futuro sólo puede ser la Igualdad. Por eso las posiciones conservadoras temen tanto a la Igualdad, no lo han hecho a la Libertad, ni a la Justicia, ni a la Dignidad, aunque siempre intentan controlarlas y limitarlas, pero la Igualdad supone una desestructuración de su modelo jerárquico de poder y privilegios. Por eso los hombres no se paran.

Y por esa misma razón la Huelga Feminista del 8M/18, además de mostrar las múltiples consecuencias de la desigualdad en cualquiera de los ámbitos de la sociedad, lo que ha puesto de manifiesto es que nada de eso es casualidad ni un error, tampoco una deriva del tiempo, sino una construcción de los hombres para obtener beneficios a través de la imposición de lo que ellos han considerado adecuado para organizar la convivencia y  las relaciones en los distintos contextos de la sociedad. De ese modo, las referencias masculinas son tomadas como universales, es decir, válidas para toda la sociedad, sin contar con lo que las mujeres han considerado importante y necesario para la convivir en ese espacio común de la sociedad.

La situación tiene un doble significado. Lo primero, que se trata de una construcción interesada, no un accidente ni un producto del azar, aquí nadie echó una moneda al aire y salió desigualdad, como podría haber salido igualdad. Y lo segundo, que hablamos de una construcción de poder, es decir, que la adopción de las referencias masculinas como universales no fue para darle a la realidad un decorado más viril, sino para otorgar a los hombres una serie de privilegios sobre la ausencia o limitación de derechos en las mujeres.

El machismo es perfectamente consciente de su injusticia y de las consecuencias dramáticas que ocasiona, por ello dispone de toda una serie de estrategias para justificarlas de manera que puedan ser integradas como parte de determinados contextos o circunstancias, y evitar que sean identificadas como un problema estructural. Por ello juega con los mitos, los estereotipos, los prejuicios, la costumbre… para que todo sea compatible dentro de “su normalidad”. Y así lo ha hecho a lo largo de la historia, ha cedido espacio y cambiado en las formas para no renunciar nunca al poder de su construcción cultural, y ahora no va a ser diferente.

El 8M/18 ha permitido que una gran parte de la sociedad tome conciencia de lo que hay detrás de las múltiples manifestaciones de la desigualdad, de eso no hay duda, pero también ha posibilitado que el machismo tome conciencia a su vez de toda esa movilización crítica y de lo que significa. Y este “darse cuenta” de la realidad implica que van a pasar a la acción para tratar de mantener su espacio de poder en las nuevas circunstancias. Una vez más, como han hecho siempre, cederán en algo con tal de conservar la estructura de poder que les genera los privilegios y beneficios.

El machismo no es un problema de falta de conciencia, sino de falta de voluntad para erradicarlo. Ya hemos dicho que desde su posición son plenamente conscientes del daño que ocasiona su injusticia social. La desigualdad no se debe a que se desconozcan sus causas y muchos de sus resultados, sino a todo lo contrario, a la falta de voluntad para adoptar medidas que corrijan la injusticia social que supone el machismo a pesar de todo el daño y dolor que ocasiona. ¿Es que no se sabe que en España asesinan de media a 60 mujeres por violencia de género cada año?, ¿es que no se conoce que las mujeres tienen mayor dificultad de conseguir un trabajo, que cuando lo logran es más precario, y cuando no es tan precario cobran menos que los hombres?…

Y esta situación no va a cambiar de repente porque la crítica se haya organizado para adquirir una dimensión global, y haya ocupado el espacio público por medio de las manifestaciones del 8M/18.

Si los hombres se paran el machismo se para… pero los hombres no se van a parar; al menos de manera voluntaria e inmediata.

El machismo ya está organizando su reacción, como lo ha hecho en otros momentos. De momento, además de un silencio sospechoso, ya surgen las primeras voces dentro de una estrategia montada sobre tres grandes líneas:

  • La primera es unirse al éxito de las manifestaciones y apuntarse el tanto con argumentos que afirman que quieres de verdad han hecho cosas por las mujeres han sido las políticas conservadoras.
  • La segunda busca la típica confusión que utiliza el posmachismo a través de la desnaturalización del significado de lo ocurrido, idea que necesita quitarle sentido a la palabra “feminismo” para apartarla de toda la reacción social. Y para ello siguen dos tácticas, una apropiarse del nombre para decir que son feministas y que feminismo es lo que ellos hacen, reforzando de ese modo la primera línea argumental; y la otra, proponer nuevas medidas para demostrar su compromiso con la Igualdad, que es justo lo que ha hecho el PP al anunciar el día 10M un “plan en favor de la mujer”.
  • La tercera se dirige a destacar la “manipulación” de lo ocurrido y la falsedad de los hechos. Es el argumento clásico basado en la idea de la maldad de las mujeres y en el mito de la “Eva perversa”, que lleva, por ejemplo, a hablar de “denuncias falsas” cuando nos referimos a la violencia de género o la inexistencia de la brecha salarial. Para ello argumentan que se trataba de una manifestación “transversal” donde no había ideología ni críticas a nada ni a nadie, sólo demanda de acciones para abordar “temas que afectan a las mujeres”. Bajo esta línea “el feminismo y las feministas” son presentadas como las manipuladoras por excelencia,capaces de instrumentalizar una respuesta como la vivida desde su “elitismo y su ataque a las propias mujeres”. El argumento se cierra con referencias al “ataque del feminismo” contra los hombres, la familia, la Iglesia, las economía, el orden de Occidente… o cualquier cosa que se les ocurra.

Es la reacción del machismo para defender su poder. De momento estamos en sus fase inicial, pero continuará y debemos prestar toda la atención que requiere la situación para que la conciencia surgida del 8M/18 no se hunda frente a las costas de la Igualdad con los torpedos que ya lanza el machismo.

Nada nuevo, como sabemos, pero otra vez diferente sobre las circunstancias para adaptarse al nuevo tiempo de siempre, sin transformar la desigualdad en Igualdad.

Miguel Lorente. Blog autopsia 

¿Estamos locas, o qué?

Pues digo locas,

 

porque sabemos mucho sobre nosotras mismas, y lo ignoramos

porque sabemos de nuestras capacidades y nuestros límites, y lo ignoramos

porque sabemos que el amor es gratuito, que no se compra ni se gana, y lo ignoramos

porque nos reconocemos exhaustas por la inmensa tarea, y lo ignoramos

porque sabemos que ser realistas nos protege, y lo ignoramos

porque nos sabemos fatalmente atraídas por ideales gigantes, inalcanzables, y lo ignoramos

porque sabemos que con nuestro amor no podemos proteger de todo a nuestros seres queridos, y lo ignoramos.

 

Lo ignoramos, NOS ignoramos. El saber es pilar, nos da lugar poderoso y centrado, debería ser central y sin embargo la culpa infinita lo pisotea, y nuestro corazón loco lo deja fuera, lo ningunea.

 

Vivir de espaldas a nuestro saber, nos lleva a una vida loca, de baja calidad, errática y acelerada; atropellada y sin tiempo para recoger y saborear los frutos que con tanto empeño hemos sembrado y cuidado. Y lo sabemos.

Vivir de espaldas a nuestro saber, nos acerca al agotamiento, a la pérdida de inmunidad, a la mala vida.

Vivir de espaldas a nuestro saber, nos trae irritación, crispación, stress, desequilibrio, infelicidad. Y lo sabemos

Vivir de espaldas a nuestro saber, nos acerca al descontrol, y nos volvemos locas, nos sentimos locas, nos llaman locas cuando saltan los mecanismos de regulación, cuando nuestro sistema sobresaturado de exigencias y tareas y falto de apoyos, recompensas y homenajes propios, se sale de quicio. Y esta sensación acaba de rendirnos, de derrotarnos. Y lo sabemos pero nos hacemos la locas.

 

El saber sobre nosotras, si lo ignoramos, nos deja a oscuras, no instruye nuestras decisiones, no guía nuestro camino, no nos protege, no nos empodera, no alimenta nuestra inteligencia. Ignorarlo e ignorarnos, nos aleja del buen hacer y del buen gestionar nuestra realidad, nos acerca a la impotencia, a los bajos resultados, con sus sensaciones inevitables de autoflagelo, de cansancio sin ganancia, de esfuerzos sin recompensa. Nos aleja de la alegría, del bienestar, de la satisfacción.

 

Aún nos falta saber más sobre nuestra culpa,

para dejarla fuera, para desmontarla pieza a pieza. Para no confundirla con generosidad ni con amor infinito. Es culpa y nos impide elegir y saber.

Será mejor dejar de hacerse la loca, de actuar desde la culpa, y tomarse en cuenta, tomarse en serio, redimirse de una vez y tenerse presente y contar con todo lo que hemos podido aprender del buen vivir libre de culpas.

Mujer sabia, vuélvete loca de alegría, rebózate en sabiduría, y denuncia lo que te enajena, pero prométete que distinguirás culpas propias y ajenas, que ejercitarás la reivindicación necesaria y que nunca, nunca más te ignorarás ni vivirás de espalda a tu saber.

 

8 de febrero 2018-02-08 Itziar Cantera

 

Zubirik zubi, espacio femenino plural

Zubirik zubi, espacio femenino plural

El siguiente reportaje, publicado en El Correo el domingo 1 de mayo, recoge la iniciativa Zubirik Zubi. Puedes leer el artículo completo y ver el vídeo haciendo click.

  zubirikzubireportaje

¿Cuidan los hombres de sus mayores? Un escrito de José Ángel Lozoya Gómez

¿Cuidan los hombres de sus mayores? Un escrito de José Ángel Lozoya Gómez

Todas las personas queremos llegar a viejas sin envejecer, aunque con los años suelen llegar los primeros achaques, y antes o después la necesidad de ayuda para un número creciente de actividades. Todas podemos acabar necesitando ayuda hasta para lavarnos, controlar las necesidades o utilizar el servicio. En estos casos suele ser la familia la que se encarga del cuidado y casi siempre lo asume una mujer sin que medie ningún acuerdo explícito previo, por lo que los cuidados siguen estando en manos de la comunidad y no del sistema formal de salud.

El impacto sobre la salud de las personas cuidadoras es muy grande. Su vida puede llegar a girar en torno a un ser querido cada vez más dependiente, se sienten atrapadas y con sentimiento de culpa, van perdiendo las amistades, apenas salen con sus parejas y necesitan descansar. Los recursos económicos son clave para satisfacer muchas de las necesidades de las personas dependientes y de sus cuidadoras; permiten contratar ayuda, conciliar los cuidados con la vida laboral y social, reducir la conflictividad familiar y atenuar la desigualdad entre hombres y mujeres. Pero la mayoría de las personas que precisan cuidados no aportan ayuda económica, y si la prestan no suele cubrir lo que se gasta en sus cuidados. Para colmo, los recortes de ayuda a la dependencia de los últimos años han sobrecargado a las familias en general y a las mujeres en particular. Dada la influencia del género en la distribución de las actividades públicas y privadas, productivas y reproductivas, el hombre sigue muy vinculado al ámbito productivo y sigue muy extendida la idea de que las mujeres son las proveedoras naturales del cuidado. La idea misma de la discapacidad está condicionada por el género.

Vemos a muchos hombres mayores que enviudan y son incapaces de hacer las tareas domésticas que hacían sus esposas; aunque no tienen ninguna discapacidad física es evidente que tienen una discapacidad de origen social que se puede atender con cursos de formación para que aprendan a cuidar o cuidarse. La mayoría de los varones están acostumbrados a que primero los cuidara su madre y más tarde su pareja, dedicándoles tiempo, cariño, respeto y apoyo. No necesitaron aprender a cuidarse ni a cuidar de otras personas, lo que ayuda a explicar que solo un 15% de quienes consideramos responsables del cuidado de una persona mayor dependiente sean hombres.

Los hombres se ven menos presionados que las mujeres para asumir esta responsabilidad, sobre todo menos que las hijas solteras y las viudas, que son las quienes más sufren el mandato del “deber de…”. De hecho, aunque la mayoría de las y los cuidadores de mayores creen que hombres y mujeres pueden cuidar por igual, si les preguntamos quién prefieren que les cuide en su vejez son cinco veces más quienes prefieren que lo haga una hija a que sea un hijo. La evolución que hemos vivido en los modelos de familia y en el rol social de las mujeres no se ha visto correspondida con un incremento equivalente de la implicación de los hombres en lo doméstico, agudizando la crisis del sistema informal de cuidados y las desigualdades entre los sexos. Aun así el número de cuidadores aumenta lentamente, sobre todo entre quienes tienen una red familiar reducida, los casados, los parados, los pensionistas y los jubilados. Aunque sigue habiendo diferencias, hay cosas que ellos no saben hacer y acostumbran a recibir más apoyo de otras mujeres de la familia; también suelen delegar, más que ellas, algunos cuidados personales como el lavado o el cambiado de pañal.

Lo principal es la experiencia personal de cuidar y ser cuidado, pero esta actividad humana, tan importante, puede ser tan satisfactoria como dura. El cuidado de los mayores puede ocupar muchos años, las grandes dependencias suponen una dedicación de unas once horas diarias, y es preciso corregir los desequilibrios entre hombres y mujeres. La experiencia del cuidado tiene un gran potencial transformador que posibilita una redefinición de roles de género. Quienes se implican en la crianza y en lo doméstico aprenden a cuidar, a cuidarse y a ponerse en el lugar del otro para satisfacer sus necesidades, lo que propicia que tengan mejor disposición a cuidar de sus mayores.

El cuidado a los mayores es un reflejo de las prioridades de una sociedad y de sus desigualdades y necesitamos revalorizar el derecho a cuidar a los seres queridos anteponiendo las necesidades humanas a las del mercado, un cambio con profundas implicaciones éticas que requiere igualar las oportunidades en el mercado de trabajo que penalizan a las mujeres, políticas públicas adecuadas y medidas educativas y de sensibilización social. Aunque la cobertura pública del cuidado fuera universal, la familia seguiría siendo la principal cuidadora, pero hemos de lograr que cuidar y dejarse cuidar sea una decisión libre en un reparto equitativo. Hacen falta políticas públicas a medio y largo plazo; también más recursos y mejor coordinados, que promuevan la independencia de las personas dependientes y alivien la carga de quienes las cuidan. No obstante, la participación creciente de los varones en el cuidado cuestiona las atribuciones de género; invierten en él cantidades similares de tiempo y muestran que las diferencias en cuanto al tipo de tareas de cuidado o de responsabilidad sobre la persona atendida son menores de las que cabría suponer. Es decir, que cuidan o pueden cuidar cuando han de hacerlo. La población va a seguir envejeciendo, y para incrementar la implicación de los varones hemos de combatir las expectativas no escritas sobre quién debe cuidar, admitiendo que los hombres aprendemos a hacer todo lo que nos interesa.

Sevilla, marzo 2016 

José Ángel Lozoya Gómez

Miembro del Foro y de la Red de hombres por la igualdad

Relatos de nuevos hombres, las palabras de los nuevos hombres contra el machismo

Desde el Servicio de Mujer del Módulo Psicosocial de Deusto-San Ignacio se ha organizado la realización de dos vídeos en los que diversos hombres, de procedencias, oficios y personalidades diferentes, alzan sus voces contra la desigualdad y el machismo. Es un trabajo audiovisual compuesto por cortometrajes de 7 minutos. En ellos se reúnen 70 hombres de distinta edad, etnia, cultura, origen, oficio, lengua… Todos residentes en el País Vasco, y una buena parte de ellos conocidos por destacar en el ámbito de la cultura, la música, el cine o el deporte. Este proyecto financiado por Emakunde y Diputación de Bizkaia, y promovido por el Módulo Psicosocial de Deusto-San Ignacio, ha contado con un equipo técnico bajo la dirección de Iratxe Mediavilla

 

 


Toda relación conlleva trabajo y no admite el 2×1

En cualquier relación, la búsqueda de un equilibrio deseable para las dos partes, supone un ajuste continuo, a través de un diálogo abierto y frecuente, tan sincero como libre, en la medida que podamos.

Un equilibrio que busca satisfacer a dos, compensar a dos, ilusionar a dos, y que implica alcanzar acuerdos, negociar, ceder en ese vaivén de hoy tú, mañana yo.

Que todas las relaciones conllevan trabajo, que no se hacen solas, es una máxima universal aplicable a todos los ámbitos,  familiar, laboral, social y afectivo. Pero hay otra máxima aceptada socialmente que dice que las relaciones afectivas en el ámbito familiar y de pareja es cosa  de mujeres y en ésta quiero centrarme. Si nos fijamos bien, enseguida vemos que la relación entre las mujeres y los hombres  conlleva un trabajo desigual  para ellos y para ellas. Y esto porque, según el género, diferente nos han criado, educado y preparado para afrontarlas.

A ellos les dijeron, y así lo creyeron, que, estas relaciones y su cuidado, eran cosa de ellas. Y a nosotras nos enseñaron que las relaciones y la responsabilidad de su marcha, así como el nivel de contento del otro es campo exclusivamente nuestro. Conforme a este plan, a las mujeres nos toca trabajarlas, vigilarlas y hacerles el mantenimiento mientras que ellos se dedican a otras cosas y se benefician todas las ganancias de la relación.

Por ello, porque resulta injusto y desproporcionado ese “tu te encargas que yo me beneficio” “tú cultivas que yo recojo”, porque se echa a faltar la reciprocidad y con ella la mesura y el equilibrio es que creo conveniente, al menos y de manera más urgente, para las mujeres, revisar el trabajo de más y la recolección de menos con la que trajinamos en el mundo de la relación.

¿Trato o truco?

La desigualdad, desequilibra, una parte se hace rica mientras la otra se empobrece  

El que una de las partes no ponga y si se lleve,

es apropiación indebida, y

desabastece, poco a poco, la relación,

la erosiona y empobrece su suelo y, con ello, su crecimiento y su futuro.

Podemos decir, que una de las cosas que más nos cuesta ver a las mujeres es que la relación no sólo es trabajo por cuenta ajena, es algo también por cuenta propia. Que la relación es una inversión que debe hacer crecer mi particular saldo no sólo el saco de los gananciales. Dicho de otra manera, en la relación además de  poner, a las mujeres nos interesa aprender a recibir, además de  cansarnos nos conviene aprender que la relación puede ser un lugar donde descansar,  recibir apoyo, hidratarse y nutrirse.

Definitivamente, a las mujeres nos conviene empezar a dejar de “pasar el botijo al todo el mundo” para poder concentrarnos en nuestras cosas. Mientras voy de uno a otro calmando su sed, desatiendo mis tareas y devociones y al hacerlo impido mi desarrollo, no pego el estirón y me quedo acortada y con sensación de pequeña, a la vez que  mi autoestima también queda encogida. Si al menos pudiera decidirlo Yo, lo de pasar el botijo, digo, y si además de elegirlo, le diera, al menos, la importancia que tiene, no me iría tan de vacío, y me sentiría mejor, primero  por valorarla yo misma, y seguido porque para el prójimo también sería una aportación reconocible y digna de agradecimiento.

Así mismo es justo reconocer que además de pasar el botijo, mis capacidades dan para más, y desarrollarlas, es cosa mía, es cuestión de que de importancia a mi desarrollo personal, que le eche ganas, y después sólo nos faltará aplicarles la vieja fórmula de espacio + tiempo, sin dividirlo, ni por dos ni por tres.  Y..¡ voilá!  mi saldo crecerá justamente

La no reciprocidad acaba cabreando.

El que una de las partes no ponga y si se lleve,

deja a la otra cabreada,

aunque no lo sepa, o lo niegue,

se queda con resquemor, triste y mal dispuesta.

Pero a las mujeres enfadarnos con  nuestros seres queridos, se nos pone en un pico y solemos evitarlo a toda costa.

Aunque el evitarlo nos empadrona en el malestar, en la mirada triste y un tanto derrotada.

Por no discutir estamos dispuestas a mucho tragar pero esto trae un mal digerir, y acabamos con gases reprimidos y dolores por ahí, por la entraña. Es más fácil que busquemos la comprensión y el tienes razón en otra mujeres o en profesionales de la psicología, que autorizarnos para quedarnos a solas y preguntarnos con ganas ¿qué te pasa? ¿qué te está sobrando o faltando en esta relación con él? ¿Por qué no te das permiso para decírselo, para plantearle que no te salen las cuentas y que sabes algunas de las cosas que haría falta cambiar?

  • A las mujeres este ejercicio nos resulta dificilísimo precisamente por lo que nos enseñaron sobre cómo relacionarnos. Como nos dijeron que éramos las responsables de las relaciones y de su buena marcha, si reconozco que no van tan bien lo primero que recojo es mi propio fracaso. Y eso no gusta. Y no sólo no gusta sino que nos hace sentir culpables no es que la relación va mal es que algo estamos haciendo nosotras mal.
  • Como nos dijeron que el combustible de la satisfacción ilusionante,  era un suministro solo nuestro del que contamos con reservas inagotables, cómo atreverte a pensar que las reservas se van acabando, cómo decirle al otro que aporte básicos como presencia, interés, ganas y tarea. ¿Cómo aceptar que solas no podemos todo, en una relación, que tan sólo somos el 50% de ésta?
  • Nos  creímos que nosotras podíamos poner lo que no pone el otro, y así creímos y creemos también que hemos elegido libremente dedicarnos full time a la relación, y nos convencidas de que trabajamos por cuenta propia, porque cuidar las relaciones es lo nuestro, pero en realidad lo hacemos para otra cuenta ajena. Y lo del otro, si no lo pone éste, queda sin poner, y si eso pasa, aunque nosotras no queramos tenemos un conflicto servido
  • Las mujeres, cuando la pareja nos tiene descontentas, cuando no disgustadas y cargadas de desamor, antes que entrar en el conflicto y en su abordaje directo, nos resulta más fácil hacer cualquier otra cosa y  dar amplios y variados rodeos. Por ejemplo y, en primer lugar, solemos cuestionar nuestra percepción ¿estaré equivocada? ¿me estaré pasando? Seguro que exagero. El segundo movimiento, si el malestar persiste y las dudas también, es la de  pedir consejo, opinión y parecer al prójimo, si con ello no obtenemos respuestas adecuadas o respuestas que podamos asumir, si no vemos nuestras quejas legitimadas, acudimos al o a la profesional de la psicología. De la consulta a profesionales se espera sentirse comprendidas y respaldadas, es decir de alguna manera, legitimadas en las quejas y disconformidades, con la pareja en el caso que nos ocupa,  que  están en la base de nuestro malestar y/o resentimiento con ella. Incluso estaríamos bien dispuestas a tomar una medicación que aplaque y aquiete estos sentimientos y que de manera rápida nos quitara el malestar. Este es un circuito bastante habitual en el afrontamiento de nuestro malestar en las relaciones.
  • Pero hay otro más recomendable que arranca con la autoescucha, el hacernos caso, y dar importancia a lo que sentimos y a lo que el análisis de situación nos está diciendo. Es más recomendable darse permiso y juntar el valor suficiente para gestionarlo. Frente al malestar silencioso, ignorante y hasta rencoroso, nos conviene plantear unas cuantas conversaciones tensas y discutidoras con nuestra pareja.  Discusiones a partir de las cuales, poder diseñar y cocinar juntos,  un menú rico y variado, una relación de nutrientes para ambos.
  • Otro punto que conviene clarificar, porque su confusión nos deja mal posicionadas, es que también participamos de la falsa creencia  de que  los hombres no necesitan las relaciones tanto como nosotras, que no necesitan tanta compañía, afecto, apoyo, interés, erotismo, complicidad, ternura y que por ello las mujeres tenemos que currárnoslas más. Lo cual es falso, o tan sólo una creencia, la realidad nos muestra  que hay muchas más mujeres viviendo sin pareja que hombres. Simplemente a  ellos les han dicho que lo nieguen, que lo disimulen, incluso que se mientan, que ellos no lloran, que ellos no añoran, que ellos con trabajar tienen bastante; mentiras compartidas que nos colocan en escenarios falsos y desequilibrantes a ellos y a nosotras. Si bien, es de Dios reconocer que ellos se llevan la mejor parte y de momento van ganando el partido. Por ello el cambio, como siempre se va a iniciar y va devenir de quienes pierden de quienes pasan necesidad, las sujeto mujer.

 

Es bueno recordar que:

–            Las relaciones están vivas,  tienen vida propia, y como todo ser vivo tienen sus ciclos y requiere actualizaciones

–            Las relaciones son creación, y recreación a la vez que repetición y reproducción, desencuentros y reconciliación, daños y reparación

–            Las relaciones son, además,  espejos en los que mirarnos; los hay que nos devuelven imágenes verdaderas y nos ayudan a reconocernos, pero ¡ojo! que también los hay trucados porque el otro me confunde consigo y no me diferencia, y entonces nos devuelven confusión y falsedad, lo cual no contribuye precisamente a nuestro mejor reconocimiento.

–            La pareja como su nombre indica es par, es cosa de dos. Es cosa de que dos se sientan importantes, compensados, acompañados, queridos y apoyados

–            La relación es tarea, lleva tiempo, interés, dedicación y energía. Y es trabajo de dos para dos

–            Y   la relación es sobre todo una inversión,  lleva su contabilidad consciente o inconsciente, que es la que nos dice si nos salen o no las cuentas, si ganamos o perdemos.

–            Las mujeres, cuando empiezan a no salirle s las cuentas, se preguntan, ¿Qué más puedo poner? O ¿por qué no te conformas? ¿no estarás pidiendo demasiado? Los hombres conjugan más fácil otras preguntas el qué me falta  o el qué mas quiero de esta relación

–            Hay para cambiar y mejorar para ambas partes pero dicen que sólo se está dispuesto a cambiar cuando vemos lo que nos cuesta el no hacerlo, tal vez sea por eso que  a las mujeres se nos vea más motivadas para arrancar con los cambios. A los hombres tal vez tomar conciencia de la falta de equidad y del abuso sea revulsivo suficiente para poneros en marcha en dirección a la relación justa.

      Ojalá!

Itziar Cantera

Resumen del Artículo “Violencia a golpe de Click. Las nuevas formas se hacen protagonistas”

AUTORA: Ianire Estébanez es Psicóloga, especialista en violencia de género y juventud, ciberactivista y bloguera de www.minoviomecontrola.com

Si ha habido una revolución en los últimos años que haya modificado las formas de comportarnos y relacionarnos socialmente, ésta se llama redes sociales. Las nuevas tecnologías, presentes en nuestro día a día, se hacen protagonistas de nuestras vidas a través de un smartphone y una conectividad inmediata, en cualquier espacio y momento. Y las relaciones sociales no son inmunes al cambio.

Y con  ello, la violencia de género en los últimos años ha encontrado en las redes un espacio en el que reproducirse con grandes magnitudes. Las aplicaciones de conversación instantánea (tipo whatsapp), dan información al minuto del estado de conexión de la pareja o expareja:última vez conectada a las, en línea, leído tu mensaje, -no contestado-. Así, los conflictos, las interpretaciones sobre qué estará haciendo la otra persona multiplican los problemas que los celos y chantajes de una relación construida de una forma insana, pueden llevar a magnificar al extremo. Las redes sociales (como Facebook, Twitter o Instagram) permiten mostrar los listados de contactos y la expresión a través de estados y fotos, y pueden convertirse en comportamientos que no se respetan, se trata de coartar o se castigan. “¿Qué amigos tienes en las redes sociales?”, “¿por qué subes esa foto?”, “¿por qué haces ese comentario?”, o “no quiero que sigas hablando con él”, estos mensajes, a veces, marcan el inicio de una relación de control en la que se limita el espacio propio de la pareja. Las redes de flirteo, que permiten encontrar “matchs” o personas con las que ligar, pueden aumentar así mismo la inseguridad del compromiso.

Sin embargo, los conflictos y problemas que se derivan de ello, no han nacido con las nuevas tecnologías.

  • Porque quien aprieta el click del dominio, son los celos.
  • La información de amistades, horas de conexión y relaciones sociales de la pareja son visibles a través de las redes, pero el click que limita su libertad lo ocasiona la posesividad.
  • Y el click que moviliza el insulto y la humillación, es el sexismo y la cosificación de las mujeres.

Pero las redes sociales están permitiendo visibilizar otras formas de violencia que sufren las mujeres en público. Se ha hecho referencia a estas formas de violencia virtual con los términos:

  • Cyberbullying (acoso entre iguales)
  • stalking(vigilancia de perfiles y contenidos)
  • sexting, (el envío de contenidos eróticos o sexuales como fotos o vídeos) y
  • la sextorsión o porno vengativo (chantaje y publicación no permitida de contenidos eróticos)

La humillación en las redes, realizada por compartir contenidos eróticos sin su permiso, o el chantaje sobre hacerlos públicos, son también formas de violencia virtual que están adquiriendo frecuencia entre la juventud, y que confirman la pervivencia de una doble moral y una sexualidad tradicional que culpabiliza a las mujeres.

Sin embargo, estas formas de violencia, que integran lo online y lo offline,  no tienen sólo una relevancia “virtual” sino consecuencias reales como tal.

Las redes sociales están permitiendo visibilizar otras formas de violencia que sufren las mujeres en público. Y si algo podemos hacer, en un espacio tan público como son las redes sociales e internet, es visibilizar y denunciar estos comportamientos.

Artículo publicado completo en el Boletín del Observatorio Vasco de la Violencia de Género en Bizkaia. http://www.bizkaia.eus/Gizartekintza/Genero_Indarkeria/blt37/ca_temas.html

La campaña del 8 de marzo de Emakunde alerta sobre los peligros de dar pasos atrás en igualdad

La campaña del 8 de Marzo, Día Internacional de las Mujeres, diseñada por Emakunde incide este año en remarcar los avances de la sociedad en igualdad en las últimas décadas y al mismo tiempo, en alertar sobre los peligros de dar pasos hacia atrás. La campaña recuerda que se celebran 20 años de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, un hito en la promoción los derechos de las mujeres, fruto de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en 1995, y se cumplen asimismo 10 años de la Ley para la igualdad aprobada en 2005 por el Parlamento Vasco, que ha supuesto uno de los hitos más importantes en la historia de las políticas de igualdad en nuestra Comunidad. Convertir el derecho a la igualdad en una realidad es uno de los mensajes que traslada la campaña, que advierte de la necesidad de evitar dar pasos atrás.

CARTEL EMAKUNDE 2015-CAST

 

Desde el Módulo Psicosocial de Deusto- San Ignacio y el Servicio de Mujer, nos unimos a esta campaña con la ilusión y ganas de no dar pasos atrás en igualdad. Ánimo mujeres, y compañeras.

Ianire.

Los hombres ante el feminismo

Los hombres hemos llegado tarde a la lucha por la igualdad, hemos dejado en manos de las mujeres una reivindicación que es de todas/os y hemos venido constituyendo una rémora para el movimiento feminista. La deconstrucción de las estructuras patriarcales, solo puede contemplarse desde la toma de conciencia del conjunto de la sociedad, y desde el compromiso de los hombres en la renuncia a sus privilegios.

Las jornadas de 20 y 21 de Noviembre sobre la posición de los hombres ante el feminismo (*) han tratado de reconducir los movimientos de hombres por la igualdad hacia posiciones de convergencia con los feminismos, esclareciendo terminologías (los hombres también podemos ser feministas), y denunciando los comportamientos erróneos que los hombres hemos mostrado, en éste ámbito. Para empezar, los hombres no podemos pretender liderar el movimiento por la igualdad, sería contradictorio con las actitudes que pretendemos deconstruir, y constituiría un paternalismo inasumible para movimientos que dentro del feminismo, llevan años de lucha, incomprensión y de acusaciones de radicalismo desde sectores del machismo recalcitrante.

 El papel de los hombres, debe buscarse entre los propios hombres, en dos direcciones:

-Por una parte mediante el trabajo con nosotros mismos, una concienciación interna, reflexionando lo que de bueno tiene para el conjunto de la sociedad el movimiento por la igualdad, y mostrando actitudes no machistas en nuestra vida privada. Implicarnos en la corresponsabilidad, repartir el tiempo libre con nuestra pareja, repartir los cuidados hacia nuestros mayores, hijos o dependientes, intentar no imponer nuestros criterios, y mostrar actitudes de respeto, cariño, y cercanía hacia las personas con las que convivimos, sería un buen comienzo. En definitiva, desterrar en la medida de lo posible los micromachismos que empapan nuestra vida.

-Por otra parte, se echa en falta una denuncia pública hacia las actitudes machistas de nuestro entorno. Censurar a quien maltrata o alardea públicamente de su actitud autoritaria, recriminar los chistes y manifestaciones machistas, y fomentar conversaciones  constructivas en torno a la igualdad, los sentimientos o la familia, puede constituir una alternativa al futbol, política, trabajo y ocio que prolifera como temas estrella entre nosotros.

También resulta necesaria y adecuada nuestra presencia en las manifestaciones públicas por la igualdad, o contra la violencia machista, pero no en cabeza, ni tan siquiera en grupo, porque se ha comprobado que también en esto fomentamos el liderazgo de los hombres, sino de forma dispersa, acompañando en su caso a nuestras parejas, y dejando constancia de nuestra solidaridad, pero sin protagonismo.

Debemos fomentar y apoyar, políticas públicas que aseguren la presencia de las mujeres en los procesos de dirección de las empresas,  política, y sociedad en su conjunto, para lo cual los hombres, hemos de asumir una mayor implicación, en labores del hogar, cuidados, crianza y roles de los que con frecuencia nos autoexcluimos, porque sólo asumiendo nosotros mayor espacio en lo privado, las mujeres podrán acceder al público.

Creer que ya somos iguales, (como se aduce en algunos ámbitos) porque se hayan derogado las leyes que expresamente discriminaban, constituye un desatino, porque como expresaba Alexander Ceciliasson (*) en un reciente artículo de prensa, “tener derechos no significa nada, si esos derechos no se convierten en posibilidades”, por lo que los hombres, hemos de  “retroceder y callarnos”, pero no en forma pasiva, sino actuando y convergiendo en una agenda común con el movimiento feminista, para que la igualdad avance, y entendiendo que el empoderamiento de un colectivo discriminado, sólo es posible desde el compromiso por el cambio de los valores patriarcales.

Rafa Perez

Modulo Psicosocial de Deusto

Miembro del colectivo Piper Txuriak

 

(*).-“I Encuentro Norte-sur de Masculinidades y desarrollo Humano” que ha tenido lugar en el Iltre. Colegio de Abogados del Señorío de Bizkaia, en los días 21 y 21 de Noviembre de 2.014, organizado por el Módulo Psicosocial de Deusto y diversos colectivos. www.modulodeustosanignacio.org